La Celestina
La Celestina que no hizo Dios a quien desamparasse. Da
espacio a tu desseo. Toma este cordón, que, si
yo no me muero, yo te daré a su ama.
CALISTO.- ¡O nueuo huésped! ¡O bienauen-
turado cordón, que tanto poder e merescimien-
to touiste de ceñir aquel cuerpo, que yo no soy
digno de seruir! ¡O ñudos de mi pasión, voso-
tros enlazastes mis desseos! ¡Dezime si os
hallastes presentes en la desconsolada respues-
ta de aquella a quien vosotros seruÃs e yo adoro
e, por más que trabajo noches e dÃas, no me
vale ni aprouecha!
CELESTINA.- Refrán viejo es: quien menos
procura, [221] alcança más bien. Pero yo te haré
procurando conseguir lo que siendo negligente
no haurÃas. Consuélate, señor, que en vna hora
no se ganó Çamora; pero no por esso desconfia-
ron los combatientes.
CALISTO.- ¡O desdichado! Que las cibdades
están con piedras cercadas e a piedras, piedras
las vencen; pero esta mi señora tiene el coraçón
de azero. No ay metal, que con él pueda; no ay
tiro, que le melle. Pues poned escalas en su mu-
ro: vnos ojos tiene con que echa saetas, vna len-
gua de reproches e desuÃos, el asiento tiene en
parte, que media legua no le pueden poner cer-
co.