La Celestina
La Celestina CELESTINA.- ¡Callá, señor!, que el buen
atreuimiento de vn solo hombre ganó a Troya.
No desconfÃes, que vna muger puede ganar
otra. Poco has tratado mi casa: no sabes bien lo
que yo puedo. [222]
CALISTO.- Quanto, dixeres, señora, te quiero
creer, pues tal joya como esta me truxiste. ¡O mi
gloria e ceñidero de aquella angélica cintura!
Yo te veo e no lo creo. ¡O cordón, cordón! ¿Fuis-
teme tú enemigo? Dilo cierto. Si lo fuiste, yo te
perdono, que de los buenos es propio las culpas
perdonar. No lo creo: que, si fueras contrario,
no vinieras tan presto a mi poder, saluo si vie-
nes a desculparte. Conjúrote me respondas, por
la virtud del gran poder, que aquella señora
sobre mà tiene.
CELESTINA.- Cessa ya, señor, esse deuanear,
que a mà tienes cansada de escucharte e al cor-
dón, roto de tratarlo.
CALISTO.- ¡O mezquino de mÃ! Que asaz
bien me fuera del cielo otorgado, que de mis
braços fueras fecho e texido, no de seda como
eres, porque ellos gozaran cada dÃa de rodear e
ceñir con deuida reuerencia aquellos miembros,
que tú, sin sentir ni gozar de la gloria, siempre
tienes abraçados. ¡O qué secretos haurás visto
de aquella excelente ymagen!