La Celestina
La Celestina si yo viuo, ella boluerá la hoja.
CALISTO.- ¿E la oración?
CELESTINA.- No se me dio por agora.
CALISTO.- ¿Qué fue la causa?
CELESTINA.- La breuedad del tiempo; pero
quedó, que si tu pena no afloxase, que tornasse
mañana por ella.
CALISTO.- ¿Afloxar? Entonce afloxará mi
pena, quando su crueldad.
CELESTINA.- Asaz, señor, basta lo dicho e
fecho. Obligada queda, segund lo que mostró, a
todo lo que para esta enfermedad yo quisiere
pedir, según su poder. Mirá, señor, si esto basta
para la primera vista. Yo me voy. Cumple, se-
ñor, que si salieres mañana, lleues reboçado vn
paño, porque si della fueres visto, no acuse de
falsa mi petición. [226]
CALISTO.- E avn cuatro por tu seruicio. Pero
dime, pardios, ¿passó más? Que muero por oyr
palabras de aquella dulce boca. ¿Cómo fueste
tan osada, que, sin la conocer, te mostraste tan
familiar en tu entrada e demanda?
CELESTINA.- ¿Sin la conoscer? Quatro años
fueron mis vezinas. Tractaua con ellas, hablaua
e reya de día e de noche. Mejor me conosce su
madre, que a sus mismas manos; avnque Meli-
bea se ha fecho grande, muger discreta, gentil.