La Celestina
La Celestina ra, de le fazer auer a Areusa, qu' él mucho
amaua. Vanse a casa de Areusa. Queda ay la
noche Pármeno. Celestina va para su casa.
Llama a la puerta. Elicia le viene a abrir, incre-
pándole su tardança.
PÁRMENO, CELESTINA, AREUSA, ELICIA.
CELESTINA.- Pármeno hijo, después de las
passadas razones, no he hauido oportuno
tiempo para te dezir e mostrar el mucho amor,
que te tengo e asimismo cómo de mi hoca todo
el mundo ha oydo hasta agora en absencia bien
de ti. La razón no es menester repetirla, porque
yo te tenía por hijo, a lo menos quasi adotiuo, e
assí que imitavas a natural; e tú dasme el pago
en mi presencia, paresciéndote mal quanto di-
go, susurrando e murmurando contra mí en
presencia de Calisto. Bien pensaua yo que, des-
pués [232] que concediste en mi buen consejo,
que no hauías de tornarte atrás. Todavía me
parece que te quedan reliquias vanas, hablando
por antojo, más que por razón. Desechas el
prouecho por contentar la lengua. Óyeme, si no
me has oydo, e mira que soy vieja e el buen
consejo mora en los viejos e de los mancebos es
propio el deleyte. Bien creo que de tu yerro sola
la edad tiene culpa. Espero en Dios que serás
mejor para mí de aquí adelante, e mudarás el ruyn