La Celestina
La Celestina propósito con la tierna edad. Que, como disen, mú-
danse costumbres con la mudança del cabello e va-
riación; digo, hijo, cresciendo e viendo cosas
nueuas cada día. Porque la mocedad en solo lo
presente se impide e ocupa a mirar; mas la ma-
dura edad no dexa presente ni passado ni por
venir. Si tú touieras memoria, hijo Pármeno, del
pasado amor, que te tuue, la primera posada,
que tomaste venido nueuamente en esta cib-
dad, auía de ser la mía. Pero los moços curays
poco de los viejos. Regísvos a sabor de paladar.
Nunca pensays que teneys ni haueys de tener neces-
sidad dellos. Nunca pensays en enfermedades. Nun-
ca pensays que os puede faltar esta florezilla de
juuentud. Pues mira, amigo, que para tales ne-
cessidades, como [233] estas, buen acorro es
vna vieja conoscida, amiga, madre e más que
madre, buen mesón para descansar sano, buen
hospital para sanar enfermo, buena bolsa para
necessidad, buena arca para guardar dinero en
prosperidad, buen fuego de inuierno rodeado
de asadores, buena sombra de verano, buena
tauerna para comer e beuer. ¿Qué dirás, loqui-
llo, a todo esto? Bien sé que estás confuso por lo
que oy has hablado. Pues no quiero más de ti.
Que Dios no pide más del pecador, de arrepen-
tirse e emendarse. Mira a Sempronio. Yo le fize