La Celestina
La Celestina visita la casa, que la fortuna próspera desampa-
ró. ¿Qué te diré, fijo, de las virtudes del buen
amigo? No ay cosa más amada ni más rara.
Ninguna carga rehusa. Vosotros soys yguales.
La paridad de las costumbres e la semejança de
los coraçones es la que más la sostiene. Cata,
hijo, que, si algo tienes, guardado se te está.
Sabe tú ganar más, que aquello ganado lo fa-
llaste. Buen siglo aya aquel padre, que lo traba-
jó. No se te puede dar hasta que viuas más re-
posado e vengas en edad complida.
PÁRMENO.- ¿A qué llamas reposado, tía?
CELESTINA.- Hijo, a viuir por ti, a no andar
por casas agenas, lo qual siempre andarás,
mientra no te supieres aprouechar de tu serui-
cio. Que de lástima, que houe de verte roto,
pedí oy manto, como viste, a Calisto. No por mi
manto; pero porque, estando el sastre en casa e
tú delante sin sayo, te le diesse. Assí que, no
por mi prouecho, como yo sentí que dixiste;
más por el tuyo. Que si esperas al ordinario
galardón destos galanes, es tal, que lo que en
diez años sacarás atarás en la manga. Goza tu
[236] mocedad, el buen día, la buena noche, el
buen comer o beuer. Quando pudieres hauerlo,
no lo dexes. Piérdase lo que se perdiere. No
llores tú la fazienda, que tu amo heredó, que