La Celestina
La Celestina esto te lleuarás deste mundo, pues no le tene-
mos más de por nuestra vida. ¡O hijo mío Pár-
meno! Que bien te puedo dezir fijo, pues tanto
tiempo te crié. Toma mi consejo, pues sale con
limpio deseo de verte en alguna honrra. ¡O
quan dichosa me hallaría en que tú e Sempro-
nio estuuiesedes muy conformes, muy amigos,
hermanos en todo, viéndoos venir a mi pobre
casa a holgar, a verme e avn a desenojaros con
sendas mochachas!
PÁRMENO.- ¿Mochachas, madre mía?
CELESTINA.- ¡Alahé! Mochachas digo; que
viejas, harto me soy yo. Qual se la tiene Sem-
pronio e avn sin hauer tanta razón ni tenerle
tanta afición como a ti. Que de las entrañas me
sale quanto te digo.
PÁRMENO.- Señora, ¿no viues engañada?
CELESTINA.- E avnque lo viua, no me pena
mucho, que también lo hago por amor de Dios
e por verte solo en tierra agena e más por aque-
llos huessos de quien te me encomendó. Que tú
serás [237] hombre e vernás en buen conoci-
miento e verdadero e dirás: la vieja Celestina
bien me consejaua.
PÁRMENO.- E avn agora lo siento; avnque
soy moço. Que, avnque oy veyas que aquello
dezía, no era porque me paresciesse mal lo que