La Celestina
La Celestina enterramientos no visitaua. De dĂa los ace-
chaua, de noche los desterraua. AssĂ se holgaua
cola la noche escura, como tĂș con el dĂa claro;
dezĂa que aquella era capa de pecadores. ÂżPues
[239] maña no tenĂa con todas las otras gracias?
Una cosa te diré, porque veas qué madre per-
diste; avnque era para callar. Pero contigo todo
passa. Siete dientes quitĂł a vn ahorcado con
vnas tenazicas de pelacejas, mientra yo le des-
calcé los çapatos. Pues entrava en vn cerco me-
jor que [240] yo e con mås esfuerço; avnque yo
tenĂa farto buena fama, mĂĄs que agora, que por
mis pecados todo se oluidĂł con su muerte.
¿Qué mås quieres, sino que los mesmos diablos
la hauĂan miedo? Atemorizados e espantados
los tenĂa con las crudas bozes, que les daua.
AssĂ era ella dellos conoscida, como tĂș en tu
casa. Tumbando venĂan vnos sobre otros a su
llamado. No le osauan dezir mentira, segĂșn la
fuerça con que los apremiaua. Después que la
perdĂ, jamĂĄs les oy verdad.
PĂRMENO.- No la medre Dios mĂĄs a esta
vieja, que ella me da plazer con estos loores de
sus palabras.
CELESTINA.- ¿Qué dizes, mi honrrado Pår-
meno mi hijo e mĂĄs que hijo?
PĂRMENO.- Digo que ÂżcĂłmo tenĂa esa venta-