La Celestina
La Celestina que no se podrá escapar de mate. Que esto es lo
menos, que yo por ti tengo de hazer.
PÁRMENO.- Yo ya desconfiaua de la poder
alcançar, porque jamás podía acabar con ella
que me esperasse a poderle dezir vna palabra.
E como dizen, mala señal es de amor huyr e
boluer la cara. Sentía en mí gran desfuzia desto.
CELESTINA.- No tengo en mucho tu descon-
fiança, no me conosciendo ni sabiendo, como
agora, que tienes tan de tu mano la maestra
destas labores. Pues agora verás quánto por mi
causa vales, quánto con las tales puedo, quánto
sé en casos de amor. Anda passo. ¿Ves aquí su
puerta? Entremos quedo, no nos sientan sus
[247] vezinas. Atiende e espera debaxo desta
escalera. Sobiré yo a uer qué se podrá fazer
sobre lo hablado e por ventura haremos más
que tú ni yo traemos pensado.
AREUSA.- ¿Quién anda ay? ¿Quién sube a tal
hora en mi cámara?
CELESTINA.- Quien no te quiere mal, cierto;
quien nunca da passo, que no piense en tu
prouecho; quien tiene más memoria de ti, que
de sí mesma: vna enamorada tuya, avnque vie-
ja.
AREUSA.- ¡Válala el diablo a esta vieja, con
qué viene como huestantigua a tal hora! Tía,