La Celestina
La Celestina que bien te quieren. Que no te las dio Dios para
que pasasen en balde por la frescor de tu juuen-
tud debaxo de seys dobles de paño e lienço.
Cata que no seas auarienta de lo que poco te
costó. No atesores tu gentileza. Pues es de su
natura tan comunicable como el dinero. No
seas el perro del ortolano. E pues tú no puedes
de ti propia gozar, goze quien puede. Que no
creas que en balde fueste criada. Que, cuando
nasce [251] ella, nasce él e, quando él, ella. Nin-
guna cosa ay criada al mundo superflua ni que
con acordada razón no proueyesse della natura.
Mira que es pecado fatigar e dar pena a los
hombres, podiéndolos remediar.
AREUSA.- Alábame agora, madre, e no me
quiere ninguno. Dame algún remedio para mi
mal e no estés burlando de mí.
CELESTINA.- Deste tan común dolor todas
somos, ¡mal pecado!, maestras. Lo que he visto
a muchas fazer e lo que a mí siempre aproue-
cha, te diré. Porque como las calidades de las
personas son diuersas, assí las melezinas hazen
diuersas sus operaciones e diferentes. Todo olor
fuerte es bueno, assí como poleo, ruda, axien-
sos, humo de plumas de perdiz, de romero, de
moxquete, de encienso. Recebido con mucha
diligencia, aprouecha e afloxa el dolor e buelue