La Celestina
La Celestina CELESTINA.- Ya sabes lo que de Pármeno te
oue dicho. [253] Quéxasseme que avn verle no
le quieres. No sé porqué, sino porque sabes que
le quiero yo bien e le tengo por hijo. Pues por
cierto, de otra manera miro yo tus cosas, que
hasta tus vezinas me parescen bien e se me ale-
gra el coraçón cada vez que las veo, porque se
que hablan contigo.
AREUSA.- ¿No viues, tía señora, engañada?
CELESTINA.- No lo sé. A las obras creo; que
las palabras, de balde las venden dondequiera.
Pero el amor nunca se paga sino con puro amor
e a las obras con obras. Ya sabes el debdo, que
ay entre ti e Elicia, la qual tiene Sempronio en
mi casa. Pármeno e él son compañeros, siruen a
este señor, que tú conoces e por quien tanto
fauor podrás tener. No niegues lo que tan poco
fazer te cuesta. Vosotras, parientas; ellos, com-
pañeros: mira cómo viene mejor medido, que lo
queremos. Aquí viene comigo. Verás si quieres
que suba.
AREUSA.- ¡Amarga de mí, si nos ha oydo!
CELESTINA.- No, que abaxo queda. Quiérole
hazer subir. Resciba tanta gracia, que le conoz-
cas e hables e muestres buena cara. E si tal te
paresciere, goze él de ti e tú dél. Que, avnque él
gane mucho, tú no pierdes nada.