La Celestina
La Celestina más moros, más ganancia; que honrra sin prouecho,
no es sino como anillo en el dedo. E pues entrambos
no caben en vn saco, acoge la ganancia.- Sube, hijo Pármeno. [257]
AREUSA.- ¡No suba! ¡Landre me mate!, que
me fino de empacho, que no le conozco. Siem-
pre houe vergüença dél.
CELESTINA.- Aquí estoy yo que te la quitaré
e cobriré e hablaré por entramos: que otro tan
empachado es él.
PÁRMENO.- Señora, Dios salue tu graciosa
presencia.
AREUSA.- Gentilhombre, buena sea tu veni-
da.
CELESTINA.- Llégate acá, asno. ¿Adónde te
vas allá assentar al rincón? No seas empachado,
que al hombre vergonçoso el diablo le traxo a
palacio. Oydme entrambos lo que digo. Ya sa-
bes tú, Pármeno amigo, lo que te prometí, e tú,
hija mía, lo que te tengo rogado. Dexada aparte
la dificultad con que me lo has concedido, po-
cas razones son necessarias, porque el tiempo
no lo padece. Él ha siempre viuido penado por
ti. Pues. viendo su pena, sé que no le querrás
matar e avn conozco que él te paresce tal, que
no será malo para quedarse acá esta noche en