La Celestina
La Celestina casa.
AREUSA.- Por mi vida, madre, que tal no se
haga; ¡Jesú!, no me lo mandes.
PÁRMENO.- Madre mía, por amor de Dios,
que no salga yo de aquí sin buen concierto. Que
me ha muerto de amores su vista. Ofréscele
[258] quanto mi padre te dexó para mí. Dile que
le daré quanto tengo. ¡Ea!, díselo, que me pare-
ce que no me quiere mirar.
AREUSA.- ¿Qué te dize esse señor a la oreja?
¿Piensa que tengo de fazer nada de lo que pi-
des?
CELESTINA.- No dize, hija, sino que se huel-
ga mucho con tu amistad, porque eres persona
tan honrrada e en quien qualquier beneficio
cabrá bien. E assimismo que, pues que esto por
mi intercessión se hace, que el me promete d'a-
quí adelante ser muy amigo de Sempronio e
venir en todo lo que quisiere contra su amo en
un negocio, que traemos entre manos. ¿Es ver-
dad, Pármeno? ¿Prometeslo assí como digo?
PÁRMENO.- Sí prometo, sin dubda.
CELESTINA.- ¡Ha, don ruyn!, palabra te ten-
go, a buen tiempo te así. Llégate acá, negligen-
te, vergonçoso, que quiero ver para quánto
eres, ante que me vaya. Retóçala en esta cama.
AREUSA.- No será él tan descortés, que entre