La Celestina
La Celestina en lo vedado sin licencia.
CELESTINA.- ¿En cortesÃas e licencias estás?
No espero más aquà yo, fiadora que tú amanez-
cas sin dolor e él sin color. Mas como es vn pu-
tillo, gallillo, barbiponiente, entiendo que en
tres noches [259] no se le demude la cresta. Des-
tos me mandauan a mà comer en mi tiempo los
médicos de mi tierra, quando tenÃa mejores
dientes.
AREUSA.- Ay, señor mÃo, no me trates de tal
manera; ten mesura por cortesÃa; mira las canas de
aquella vieja honrrada, que están presentes; quÃtate
allá, que no soy de aquellas que piensas; no soy de
las que públicamente están a vender sus cuerpos por
dinero. Assà goze de mÃ, de casa me salga, si fasta
que Celestina mi tÃa sea yda a mi ropa tocas.
CELESTINA.- ¿Qué es eso, Areusa? ¿Qué son
estas estrañezas y esquiuedad, estas nouedades e
retraymiento? Paresce, hija, que no sé yo qué cosa es
esto, que nunca vi estar mi hombre con vna muger
juntos e que jamás passé por ello ni gozé de lo que
gozas e que no sé lo que passan e lo que dizen e
hazen. ¡Guay de quien tal oye como yo! Pues auÃso-