La Celestina
La Celestina te, de tanto, que fuy errada como tú e tuue amigos;
pero nunca el viejo ni la vieja echaua de mi lado ni
su consejo en público ni en mis secretos. Para la
muerte que a Dios deuo, más quisiera vna gran bofe-
tada en mitad de mi cara. Paresce que ayer nascí,
según tu encubrimiento. Por hazerte a ti honesta,
me hazes a mí necia e vergonçosa e de poco secreto
[260] e sin esperiencia o me amenguas en mi officio
por alçar a ti en el tuyo. Pues de cossario a cossario no se pierden sino los barriles. Más te alabo yo de-trás, que tú te estimas delante.
AREUSA.- Madre, si erré aya perdón e llégate
mas acá y él haga lo que quisiere. Que más quiero
tener a ti contenta, que no a mí; antes me quebraré
vn ojo que enojarte.
CELESTINA.- No tengo ya enojo; pero dígotelo
para adelante. Quedaos adiós, que voyme solo
porque me hazés dentera con vuestro besar e
retojar. Que avn el sabor en las enzías me que-
dó: no le perdí con las muelas.
AREUSA.- Dios vaya contigo.
PÁRMENO.- Madre,¿mandas que te acom-
pañe?
CELESTINA.- Sería quitar a vn sancto para
poner en otro. Acompáñeos Dios; que yo vieja
soy, que no he temor que me fuercen en la calle.