La Celestina
La Celestina ELICIA.- El perro ladra. ¿Si viene este diablo
de vieja?
CELESTINA.- Tha, tha, tha.
ELICIA.- ¿Quién es? ¿Quién llama?
CELESTINA.- Báxame abrir, fija. [261]
ELICIA.- ¿Estas son tus venidas? Andar de
noche es tu plazer. ¿Por qué lo hazes? ¿Qué
larga estada fue ésta, madre? Nunca sales para
boluer a casa. Por costumbre lo tienes. Cum-
pliendo con vno, dexas ciento descontertos.
Que has sido oy buscada del padre de la despo-
sada, que leuaste el día de pasqua al racionero;
que la quiere casar d'aquí a tres días e es me-
nester que la remedies, pues que se lo prometis-
te, para que no sienta su marido la falta de la
virginidad.
CELESTINA.- No me acuerdo, hija, por quien
dizes.
ELICIA.- ¿Cómo no te acuerdas? Desacorda-
da eres, cierto. ¡O como caduca la memoria!
Pues, por cierto, tú me dixiste, quando la
leuauas, que la auías renouado siete vezes.
CELESTINA.- No te marauilles, hija, que
quien en muchas partes derrama su memoria,
en ninguna la puede tener. Pero, dime si torna-
rá.
ELICIA.- ¡Mirá si tornará! Tiénete dada vna