La Celestina
La Celestina manilla de oro en prendas de tu trabajo ¿e no
hauía de venir?
CELESTINA.- ¿La de la manilla es? Ya sé por
quien dizes. ¿Por qué tú no tomauas el aparejo,
e començauas a hazer algo? Pues en aquellas
tales te hauías de abezar e prouar, de quantas
vezes me lo as visto fazer. Si no, ay te estarás
toda [262] tu vida, fecha bestia sin oficio ni ren-
ta. E quando seas de mi edad, llorarás la folgu-
ra de agora. Que la mocedad ociosa acarrea la
vejez arrepentida e trabajosa. Hazíalo yo mejor,
quando tu abuela, que Dios aya, me mostraua
este oficio: que a cabo de vn año, sabía más que
ella.
ELICIA.- No me marauillo, que muchas ve-
zes, como dizen, al maestro sobrepuja el buen
discípulo. E no va esto, sino en la gana con que
se aprende. Ninguna sciencia es bienempleada
en el que no le tiene afición. Yo le tengo a este
oficio odio; tú mueres tras ello.
CELESTINA.- Tú te lo dirás todo. Pobre vejez
quieres. ¿Piensas que nunca has de salir de mi
lado?
ELICIA.- Por Dios, dexemos enojo e al tiempo
el consejo. Ayamos mucho plazer. Mientra oy
touiéremos de comer, no pensemos en mañana.
También se muere el que mucho allega como el