La Celestina
La Celestina PÁRMENO.- Señora mía, si lo hablado no
basta, lo que más es necessario me perdona,
porque es ya mediodía. Si voy más tarde, no
seré bien recebido de mi amo. Yo verné mañana
e quantas vezes después mandares. Que por
esso hizo Dios vn día tras otro, porque lo que el
vno no bastasse, se cumpliesse en otro. E avn
porque más nos veamos, reciba de ti esta gra-
cia, que te vayas oy a las doze del día a comer
con nosotros a su casa de Celestina.
AREUSA.- Que me plaze, de buen grado. Ve
con Dios, junta tras ti la puerta.
PÁRMENO.- Adiós te quedes.
PÁRMENO.- ¡O plazer singular! ¡O singular
alegría! ¿Quál hombre es ni ha sido más bie-
nauenturado que yo? ¿Quál más dichoso e
bienandante? ¡Qué vn tan excelente don sea por
mí posseído e quan presto pedido tan presto
alcançado! Por cierto, si las trayciones desta
vieja con mi [9] coraçón yo pudiesse sofrir, de
rodillas hauía de andar a la complazer. ¿Con
qué pagaré yo esto? ¡O alto Dios! ¿A quién con-
taría yo este gozo? ¿A quién descubriría tan
gran secreto? ¿A quién daré parte de mi gloria?
Bien me dezía la vieja que de ninguna prospe-
ridad es buena la posesión sin compañía. El
plazer no comunicado no es plazer. ¿Quién