La Celestina
La Celestina sentiría esta mi dicha, como yo la siento? A
Sempronio veo a la puerta de casa. Mucho ha
madrugado. Trabajo tengo con mi amo, si es
salido fuera. No será, que no es acostumbrado;
pero, como agora no anda en su seso, no me
marauillo que aya peruertido su costumbre.
SEMPRONIO.- Pármeno hermano, si yo su-
piesse aquella tierra, donde se gana el sueldo
dormiendo, mucho haría por yr allá, que no
daría ventaja a ninguno: tanto ganaría como
otro qualquiera. ¿E cómo, holgazán, descuyda-
do, fueste para no tornar? No sé qué crea de tu
tardança, sino que te quedaste a escallentar [10]
la vieja esta noche o a rascarle los pies, como
quando chiquito.
PÁRMENO.- ¡O Sempronio, amigo e más que
hermano! Por Dios, no corrompas mi plazer, no
mezcles tu yra con mi sofrimiento, no rebueluas
tu descontentamiento con mi descanso, no
agües con tan turbia agua el claro liquor del
pensamiento, que traygo, no enturuies con tus
embidiosos castigos e odiosas reprehensiones
mi plazer. Recíbeme con alegría e contarte he
marauillas de mi buena andança passada.
SEMPRONIO.- Dilo, dilo. ¿Es algo de Meli-
bea? ¿Hasla visto?
PÁRMENO.- ¿Qué de Melibea? Es de otra,