La Celestina
La Celestina que yo más quiero e avn tal que, si no estoy
engañado, puede viuir con ella en gracia e
hermosura. Sí, que no se encerró el mundo e
todas sus gracias en ella.
SEMPRONIO.- ¿Qué es esto, desuariado?
Reyrme quería, sino que no puedo. ¿Ya todos
amamos? El mundo se va a perder. Calisto a
Melibea, yo a Elicia, tú de embidia has buscado
con quien perder esse poco de seso, que tienes.
PÁRMENO.- ¿Luego locura es amar e yo soy
loco [11] e sin seso? Pues si la locura fuesse dolores,
en cada casa auría bozes.
SEMPRONIO.- Según tu opinión, sí es. Que
yo te he oydo dar consejos vanos a Calisto e
contradezir a Celestina en quanto habla e, por
impedir mi prouecho e el suyo, huelgas de no
gozar tu parte. Pues a las manos me has venido,
donde te podré dañar e lo haré.
PÁRMENO.- No es, Sempronio, verdadera
fuerça ni poderío dañar e empecer; mas
aprouechar e guarecer e muy mayor, quererlo
hazer. Yo siempre te tuue por hermano. No se
cumpla, por Dios, en ti lo que se dize, que pe-
queña causa desparte conformes amigos. Muy
mal me tratas. No sé donde nazca este rencor.
No me indignes, Sempronio, con tan lastimeras