La Celestina
La Celestina çoçobra en esta triste vida. A los alegres, sere-
nos e claros soles, nublados escuros e pluuias
vemos suceder; a los solazes e plazeres, dolores
e muertes los ocupan; a las risas e deleytes,
llantos e lloros e passiones mortales los siguen;
finalmente, a mucho descanso e sosiego, mucho
pesar e tristeza. ¿Quién pudiera tan alegre ve-
nir, como yo agora? ¿Quién tan triste recebi-
miento padescer? ¿Quién verse, como yo me vi,
con tanta gloria, alcançada con mi querida
Areusa? ¿Quién caer della, siendo tan maltra-
tado [14] tan presto, como yo de ti? Que no me
has dado lugar a poderte dezir quánto soy tu-
yo, quánto te he de fauorecer en todo, quánto
soy arepiso de lo passado, quántos consejos e
castigos buenos he recebido de Celestina en tu
fauor e prouecho e de todos. Como, pues, este
juego de nuestro amo e Melibea está entre las
manos, podemos agora medrar o nunca.
SEMPRONIO.- Bien me agradan tus palabras,
si tales touiesses las obras, a las quales espero
para auerte de creer. Pero, por Dios, me digas
qué es esso, que dixiste de Areusa. ¡Paresce que
conozcas tú a Areusa, su prima de Elicia!
PÁRMENO.- ¿Pues qué es todo el plazer que
traygo, sino hauerla alcançado?
SEMPRONIO.- ¡Cómo se lo dice el bouo! ¡De