La Celestina
La Celestina ha dormido ni está despierto. Si allá entro, ron-
ca; si me salgo, canta o deuanea. No le tomo
tiento, si con aquello pena o descansa.
PÁRMENO.- ¿Qué dizes? ¿E nunca me ha
llamado ni ha tenido memoria de mí?
SEMPRONIO.- No se acuerda de sí, ¿acordar-
se ha de ti?
PÁRMENO.- Avn hasta en esto me ha corrido
buen tiempo. Pues assí es, mientra recuerda,
quiero embiar la comida, que la adrecen.
SEMPRONIO.- ¿Qué has pensado embiar, pa-
ra que aquellas loquillas te tengan por hombre
complido, biencriado e franco?
PÁRMENO.- En casa llena presto se adereça
cena. De lo que ay en la despensa basta para no
caer en falta. Pan blanco, vino de Monuiedro,
vn pernil de toçino. E más seys pares de pollos,
que traxeron estotro día los renteros de nuestro
amo. Que si los pidiere, harele creer [18] que los
ha comido. E las tórtolas, que mandó para oy
guardar, diré que hedían. Tú serás testigo. Ter-
nemos manera cómo a él no haga mal lo que
dellas comiere e nuestra mesa esté como es ra-
zón. E allá hablaremos largamente en su daño e
nuestro prouecho con la vieja cerca destos amo-
res.
SEMPRONIO.- ¡Más, dolores! Que por fe ten-