La Celestina
La Celestina Tu saya e manto e avn mi sayo, cierto está: lo
otro vaya e venga. El quándo lo dará no lo sé.
CELESTINA.- Sea quando fuere. Buenas son
mangas passada la pasqua. Todo aquello ale-
gra, que con poco trabajo se gana, mayormente
viniendo [38] de parte donde tan poca mella
haze, de hombre tan rico, que con los saluados
de su casa podrÃa yo salir de lazerÃa, según lo
mucho le sobra. No les duele a los tales lo que
gastan e según la causa por que lo dan; no sien-
ten con el embeuecimiento del amor, no les
pena, no veen, no oyen. Lo qual yo juzgo por
otros, que he conocido menos apassionados e
metidos en este fuego de amor, que a Calisto
veo. Que ni comen ni beuen, ni rÃen ni lloran, ni
duermen ni velan, ni hablan ni callan, ni penan
ni descansan, ni están contentos ni se quexan,
según la perplexidad de aquella dulce e fiera
llaga de sus coraçones. E si alguna cosa destas
la natural necessidad les fuerça a hazer, están
en el acto tan oluidados, que comiendo se olui-
da la mano de lleuar la vianda a la boca. Pues si
con ellos hablan, jamás conueniente respuesta
bueluen. Allà tienen [39] los cuerpos; con sus
amigas los coraçones e sentidos. Mucha fuerça
tiene el amor: no solo la tierra, más avn las ma-
res traspassa, según su poder. Ygual mando