La Celestina
La Celestina firma en su amor. Todo es porque haués aquÃ
alabado a Melibea. No sabe en otra cosa, que os
lo pagar, sino en dezir esso e creo que no vee la
hora de hauer comido para lo que yo me sé.
Pues esotra su prima yo me la conozco. Gozá
vuestras frescas mocedades, que quien tiempo
tiene [41] e mejor le espera, tiempo viene, que
se arrepiente. Como yo hago agora por algunas
horas, que dexé perder, quando moça, quando
me preciauan, quando me querÃan. Que ya,
¡mal pecado!, caducado he, nadie no me quiere.
¡Que sabe Dios mi buen desseo! Besaos e abra-
çaos, que a mà no me queda otra cosa sino go-
zarme de vello. Mientra a la mesa estays, de la
cinta arriba todo se perdona. Quando seays
aparte, no quiero poner tassa, pues que el rey
no la pone. Que yo sé por las mochachas, que
nunca de importunos os acusen e la vieja Celes-
tina mascará de dentera con sus botas enzÃas las
migajas de los manteles. BendÃgaos Dios, ¡cómo
lo reys e holgays, putillos, loquillos, trauiessos!
¡En esto auÃa de parar el nublado de las ques-
tioncillas, que aués tenido! ¡Mirá no derribés la
mesa!
ELICIA.- Madre, a la puerta llaman. ¡El solaz
es derramado!
CELESTINA.- Mira, hija, quién es: por ventu-