La Celestina
La Celestina ra será quien lo acreciente e allegue. [42]
ELICIA.- O la boz me engaña o es mi prima
Lucrecia.
CELESTINA.- Ábrela e entre ella e buenos
años. Que avn a ella algo se le entiende desto
que aquí hablamos; avnque su mucho encerra-
miento le impide el gozo de su mocedad.
AREUSA.- Assí goze de mí, que es verdad,
que estas, que siruen a señoras, ni gozan deley-
te ni conocen los dulces premios de amor. Nun-
ca tratan con parientes, con yguales a quien pueden
hablar tú por tú, con quien digan: ¿qué cenaste?,
¿estás preñada?, ¿quántas gallinas crías?, llévame a
merendar a tu casa; muéstrame tu enamorado;
¿quánto ha que no te vido?, ¿cómo te va con él?,
¿quién son tus vezinas?, e otras cosas de ygualdad
semejantes. ¡O tía, y qué duro nombre e qué graue e
soberuio es señora contino en la boca! Por esto me
viuo sobre mí, [43] desde que me sé conocer.
Que jamás me precié de llamarme de otrie; sino
mía. Mayormente destas señoras, que agora se
vsan. Gástase con ellas lo mejor del tiempo e
con vna saya rota de las que ellas desechan pa-