La Celestina

La Celestina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

cada qual daua su cobro. No escogían más de lo

que yo les mandaua: coxo o tuerto o manco,

aquel hauían por sano, que más dinero me

daua. Mío era el prouecho, suyo el afán. Pues

seruidores, [47] ¿no tenía por su causa dellas?

Caualleros viejos e moços, abades de todas

dignidades, desde obispos hasta sacristanes. En

entrando por la yglesia, vía derrocar bonetes en

mi honor, como si yo fuera vna duquesa. El que

menos auía que negociar comigo, por más ruyn

se tenía De media legua que me viessen,

dexauan las Horas. Vno a vno, dos a dos, vení-

an a donde yo estaua, a uer si mandaua algo, a

preguntarme cada vno por la suya. Que hom-

bre havía, que estando diziendo missa, en

viéndome entrar, se turbaua, que no fazía ni

dezía cosa a derechas. Vnos me llamauan seño-

ra, otros tía, otros enamorada, otros vieja hon-

rrada. Allí se concertauan sus venidas a mi ca-

sa, allí las ydas a la suya, allí se me ofrecían

dineros, allí promesas, allí otras dádiuas, be-

sando el cabo de mi manto e avn algunos en la

cara, por me tener más contenta. Agora hame

traydo la fortuna a tal estado, que me digas:

buena pro hagan las çapatas.

SEMPRONIO.- Espantados nos tienes con ta-


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker