La Celestina
La Celestina donde es. Pues otros curas sin renta, no era [49]
ofrecido el bodigo, quando, en besando el fili-
grés la estola, era del primero boleo en mi casa.
Espessos, como piedras a tablado, entrauan
mochachos cargados de prouisiones por mi
puerta. No sé cómo puedo viuir, cayendo de tal
estado.
AREUSA.- Por Dios, pues somos venidas a
hauer plazer, no llores, madre, ni te fatigues:
que Dios lo remediará todo. [50]
CELESTINA.- Harto tengo, hija, que llorar,
acordándome de tan alegre tiempo e tal vida
como yo tenía, e quan seruida era de todo el
mundo. Que jamás houo fruta nueua, de que yo
primero no gozasse, que otros supiessen si era
nascida. En mi casa se hauía de hallar, si para
alguna preñada se buscasse.
SEMPRONIO.- Madre, ningund prouecho
trae la memoria del buen tiempo, si cobrar no
se puede; antes tristeza. Como a ti agora, que
nos has sacado el plazer d'entre las manos. Ál-
cese la mesa. Yrnos hemos a holgar e tú darás
respuesta a essa donzella, que aquí es venida.
CELESTINA.- Hija Lucrecia, dexadas estas
razones, querría que me dixiesses a qué fue
agora tu buena venida.
LUCRECIA.- Por cierto, ya se me hauía olui-