La Celestina
La Celestina dado mi principal demanda e mensaje con la
memoria de esse tan alegre tiempo como has
contado e assà me estuuiera vn año sin comer,
escuchándote e pensando en aquella vida bue-
na, que aquellas moças gozarÃan, que me pare-
ce e semeja que estó yo agora en ella. Mi veni-
da, señora, es lo que tú sabrás: pedirte el ceñi-
dero e, demás desto, te ruega mi señora sea de
ti visitada e muy presto, porque se siente muy
fatigada de desmayos e de dolor del coraçón.
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CELESTINA.- Hija, destos dolorcillos tales,
más es el ruydo que las nuezes. Marauillada
estoy sentirse del coraçón muger tan moça.
LUCRECIA.- ¡Assà te arrastren, traydora! ¿Tú
no sabes qué es? Haze la vieja falsa sus hechi-
zos e vasse; después házese de nueuas.
CELESTINA.- ¿Qué dizes, hija?
LUCRECIA.- Madre, que vamos presto e me
des el cordón.
CELESTINA.- Vamos, que yo le lleuo.
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El décimo aucto
ARGUMENTO DEL DÉCIMO AUTO
Mientra andan Celestina e Lucrecia por el
camino, está hablando Melibea consigo misma,
Llegan a la puerta. Entra Lucrecia primero.