La Celestina

La Celestina

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dado mi principal demanda e mensaje con la

memoria de esse tan alegre tiempo como has

contado e assí me estuuiera vn año sin comer,

escuchándote e pensando en aquella vida bue-

na, que aquellas moças gozarían, que me pare-

ce e semeja que estó yo agora en ella. Mi veni-

da, señora, es lo que tú sabrás: pedirte el ceñi-

dero e, demás desto, te ruega mi señora sea de

ti visitada e muy presto, porque se siente muy

fatigada de desmayos e de dolor del coraçón.

[51]

CELESTINA.- Hija, destos dolorcillos tales,

más es el ruydo que las nuezes. Marauillada

estoy sentirse del coraçón muger tan moça.

LUCRECIA.- ¡Assí te arrastren, traydora! ¿Tú

no sabes qué es? Haze la vieja falsa sus hechi-

zos e vasse; después házese de nueuas.

CELESTINA.- ¿Qué dizes, hija?

LUCRECIA.- Madre, que vamos presto e me

des el cordón.

CELESTINA.- Vamos, que yo le lleuo.

[53]

El décimo aucto

ARGUMENTO DEL DÉCIMO AUTO

Mientra andan Celestina e Lucrecia por el

camino, está hablando Melibea consigo misma,

Llegan a la puerta. Entra Lucrecia primero.


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