La Celestina

La Celestina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

bre antigua cometemos cada día. La tercera, si

procede de algún cruel pensamiento, que asen-

tó en aquel lugar. E esto sabido, verás obrar mi

cura. Por ende cumple que al médico como al

confessor se hable toda verdad abiertamente.

MELIBEA.- Amiga Celestina, muger bien sa-

bia e maestra grande, mucho has abierto el ca-

mino, por donde mi mal te pueda especificar.

Por cierto, tú lo pides como muger bien esperta

en curar tales enfermedades. Mi mal es de cora-

çón, la ysquierda teta es su aposentamiento,

tiende sus rayos a todas partes. Lo segundo, es

nueuamente nacido en mi cuerpo. Que no pen-

sé [58] jamás que podía dolor priuar el seso,

como este haze. Túrbame la cara, quítame el

comer, no puedo dormir, ningún género de risa

querría ver. La causa o pensamiento, que es la

final cosa por ti preguntada de mi mal, ésta no

sabré dezir. Porque ni muerte de debdo ni pér-

dida de temporales bienes ni sobresalto de vi-

sión ni sueño desuariado ni otra cosa puedo

sentir, que fuesse, saluo la alteración, que tú me

causaste con la demanda, que sospeché de par-

te de aquel cauallero Calisto, quando me pedis-

te la oración.

CELESTINA.- ¿Cómo, señora, tan mal hom-

bre es aquel? ¿Tan mal nombre es el suyo, que


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker