La Celestina
La Celestina en solo ser nombrado trae consigo ponçoña su
sonido? No creas que sea essa la causa de tu
sentimiento, antes otra que yo barrunto. E pues
que assí es, si tú licencia me das, yo, señora, te
la diré.
MELIBEA.- ¿Cómo Celestina? ¿Qué es esse
nueuo salario, que pides? ¿De licencia tienes tú
necessidad para me dar la salud? ¿Quál físico
jamás pidió tal seguro para curar al paciente?
Di, di, que siempre la tienes de mí, tal que mi
honrra no dañes con tus palabras.
CELESTINA.- Véote, señora, por vna parte
quexar el dolor, por otra temer la melezina. Tu
temor me pone miedo, el miedo silencio, el si-
lencio tregua entre tu llaga e mi melezina. Assí
que será causa, que ni tu dolor cesse ni mi ve-
nida aproueche. [59]
MELIBEA.- Quanto más dilatas la cura, tanto
más me acrecientas e multiplicas la pena e pas-
sión. O tus melezinas son de poluos de infamia
e licor de corrupción, conficionados con otro
más crudo dolor, que el que de parte del pa-
ciente se siente, o no es ninguno tu saber. Por-
que si lo vno o lo otro no abastasse, qualquiera
remedio otro darías sin temor, pues te pido le
muestres, quedando libre mi honrra.
CELESTINA.- Señora, no tengas por nueuo