La Celestina
La Celestina bre; si no, todo nuestro trabajo es perdido. Tu
llaga es grande, tiene necessidad de áspera cu-
ra. E lo duro con duro se ablanda más eficace-
mente. E dizen los sabios que la cura del lasti-
mero médico, dexa mayor señal e que nunca
peligro sin peligro se vence. Ten paciencia, que
pocas vezes lo molesto sin molestia se cura. E
vn clavo con otro se espele e vn dolor con otro.
No concibas odio ni desamor ni consientas a tu
lengua dezir mal de persona tan virtuosa como
Calisto, que si conocido fuesse..
MELIBEA.- ¡O por Dios, que me matas! ¿E no
te tengo dicho que no me alabes esse hombre ni
me le nombres en bueno ni en malo?
CELESTINA.- Señora, este es otro e segundo
punto, [62] el qual si tú con tu mal sofrimiento
no consientes, poco aprouechará mi venida e,
si, como prometiste, lo sufres, tú quedarás sana
e sin debda e Calisto sin quexa e pagado. Pri-
mero te auisé de mi cura e desta inuisible aguja,
que sin llegar a ti, sientes en solo mentarla en
mi boca.
MELIBEA.- Tantas vezes me nombrarás esse
tu cauallero, que ni mi promessa baste ni la fe,
que te di, a sofrir tus dichos. ¿De qué ha de
quedar pagado? ¿Qué le deuo yo a él? ¿Qué le