La Celestina
La Celestina soy a cargo? ¿Qué ha hecho por mí? ¿Qué ne-
cessario es él aquí para el propósito de mi mal?
Más agradable me sería que rasgases mis car-
nes e sacasses mi coraçón, que no traer essas
palabras aquí.
CELESTINA.- Sin te romper las vestiduras se
lançó en tu pecho el amor: no rasgare yo tus
carnes para le curar.
MELIBEA.- ¿Cómo dizes que llaman a este mi
dolor, que assí se ha enseñoreado en lo mejor
de mi cuerpo?
CELESTINA.- Amor dulce.
MELIBEA.- Esso me declara qué es, que en
solo oyrlo me alegro.
CELESTINA.- Es vn fuego escondido, vna
agradable [63] llaga, vn sabroso veneno, vna
dulce amargura, vna delectable dolencia, vn
alegre tormento, vna dulce e fiera herida, vna
blanda muerte.
MELIBEA.- ¡Ay mezquina de mí! Que si ver-
dad es tu relación, dubdosa será mi salud. Por-
que, según la contrariedad que essos nombres
entre sí muestran, lo que al vno fuere proue-
choso acarreará al otro más passión.
CELESTINA.- No desconfíe, señora, tu noble
juuentud de salud. Que, quando el alto Dios da
la llaga, tras ella embía el remedio. Mayormen-