La Celestina
La Celestina te que sé yo al mundo nascida vna flor, que de
todo esto te dé libre.
MELIBEA.- ¿Cómo se llama?
CELESTINA.- No te lo oso dezir.
MELIBEA.- Di, no temas.
CELESTINA.- ¡Calisto! ¡O por Dios, señora
Melibea!, ¿qué poco esfuerço es este? ¿Qué des-
caescimiento? ¡O mezquina yo! ¡Alça la cabeça!
¡O malauenturada vieja! ¡En esto han de parar
mis passos! Si muere, matarme han; avnque
biua, seré sentida, que ya no podrá sofrirse de
no publicar su mal e mi cura. Señora mía Meli-
bea, ángel mío, ¿qué has sentido? ¿Qué es de tu
habla graciosa? ¿Qué es de tu color alegre?
Abre tus claros ojos. ¡Lucrecia! ¡Lucrecia!, ¡entra
presto acá!, verás amortescida a tu señora [64]
entre mis manos. Baxa presto por vn jarro de
agua.
MELIBEA.- Passo, passo, que yo me esforça-
ré. No escandalizes la casa.
CELESTINA.- ¡O cuytada de mí! No te des-
caezcas, señora, háblame como sueles.
MELIBEA.- E muy mejor. Calla, no me fati-
gues.
CELESTINA.- ¿Pues qué me mandas que fa-
ga, perla graciosa? ¿Qué ha sido este tu senti-
miento? Creo que se van quebrando mis pun-