La Celestina
La Celestina tos.
MELIBEA.- Quebróse mi honestidad, quebró-
se mi empacho, afloxó mi mucha vergüença, e
como muy naturales, como muy domésticos, no
pudieron tan liuianamente despedirse de mi
cara, que no lleuassen consigo su color por al-
gún poco de espacio, mi fuerça, mi lengua e
gran parte de mi sentido. ¡O!, pues ya, mi bue-
na maestra, mi fiel secretaria, lo que tú tan
abiertamente conoces, en vano trabajo por te lo
encubrir. Muchos e muchos días son passados
que esse noble cauallero me habló en amor.
Tanto me fue entonces su habla enojosa, quan-
to, después que tú me le tornaste a nombrar,
alegre. Cerrado han tus puntos mi llaga, venida
soy en tu querer. En mi cordón le lleuaste em-
buelta la posesión de mi libertad. Su dolor de
muelas era mi mayor tormento, su pena era la
mayor mía. Alabo e loo tu buen sofrimiento, tu
[65] cuerda osadía, tu liberal trabajo, tus solíci-
tos e fieles passos, tu agradable habla, tu buen
saber, tu demasiada solicitud, tu prouechosa
importunidad. Mucho te deue esse señor e más
yo, que jamás pudieron mis reproches aflacar
tu esfuerço e perseverar, confiando en tu mu-
cha astucia. Antes, como fiel seruidora, quando
más denostada, más diligente; quando más