La Celestina
La Celestina disfauor, más esfuerço; quando peor respuesta,
mejor cara; quando yo más ayrada, tú más
humilde. Pospuesto todo temor, has sacado de
mi pecho lo que jamás a ti ni a otro pensé des-
cobrir.
CELESTINA.- Amiga e señora mÃa, no te ma-
rauilles, porque estos fines con efecto me dan
osadÃa a sofrir los ásperos e escrupulosos de-
suÃos de las encerradas donzellas como tú. Ver-
dad es que ante que me determinasse, assà por
el camino, como en tu casa, estuue en grandes
dubdas, si te descobrirÃa mi petición. Visto el
gran poder de tu padre, temÃa; mirando la gen-
tileza de Calisto, osaua; vista tu discreción, me
recelaua; mirando tu virtud e humanidad, me
esforçaua. En lo vno fablaua el miedo e en lo
otro la seguridad. E pues assÃ, señora, has que-
sido descubrir la gran merced, que nos has
hecho, declara tu voluntad, echa tus secretos en
[66] mi regaço, pon en mis manos el concierto
deste concierto. Yo daré forma cómo tu desseo
e el de Calisto sean en breue complidos.
MELIBEA.- ¡O mi Calisto e mi señor! ¡Mi dul-
ce e suaue alegrÃa! Si tu coraçón siente lo que
agora el mÃo, marauillada estoy cómo la absen-
cia te consiente viuir. ¡O mi madre e mi señora!,
haz de manera cómo luego le pueda ver, si mi