La Celestina
La Celestina vida quieres.
CELESTINA.- Ver e hablar.
MELIBEA.- ¿Hablar? Es impossible.
CELESTINA.- Ninguna cosa a los hombres,
que quieren hazerla, es impossible.
MELIBEA.- Dime cómo.
CELESTINA.- Yo lo tengo pensado, yo te lo
diré: por entre las puertas de tu casa.
MELIBEA.- ¿Quándo?
CELESTINA.- Esta noche.
MELIBEA.- Gloriosa me serás, si lo ordenas.
Di a qué hora.
CELESTINA.- A las doze.
MELIBEA.- Pues ve, mi señora, mi leal amiga,
e fabla con aquel señor e que venga muy paso e
d'allí se dará concierto, según su voluntad, a la
hora que has ordenado.
CELESTINA.- Adiós, que viene hazia acá tu
madre.
MELIBEA.- Amiga Lucrecia e mi leal criada e
[67] fiel secretaria, ya has visto cómo no ha sido
más en mi mano. Catiuóme el amor de aquel
cauallero. Ruégote, por Dios, se cubra con se-
creto sello, porque yo goze de tan suaue amor.
Tú serás de mi tenida en aquel lugar, que mere-
ce tu fiel seruicio.
LUCRECIA.- Señora, mucho antes de agora ten-