La Celestina
La Celestina pues tan buen recabdo traygo, que te traygo
muchas buenas palabras de Melibea e la dexo a
tu servicio.
CALISTO.- ¿Qué es esto que oygo?
CELESTINA.- Que es más tuya, que de sí
misma; más está a tu mandato e querer, que de
su padre Pleberio.
CALISTO.- Habla cortés, madre, no digas tal
cosa, que dirán estos moços que estás loca. Me-
libea es mi señora, Melibea es mi Dios, Melibea
es mi vida; yo su catiuo, yo su sieruo.
SEMPRONIO.- Con tu desconfiança, señor,
con tu poco preciarte, con tenerte en poco,
hablas essas cosas con que atajas su razón. A
todo el mundo turbas diziendo desconciertos.
¿De qué te santiguas? Dale algo por su trabajo:
harás mejor, que esso esperan essas palabras.
CALISTO.- Bien has dicho. Madre mía, yo sé
cierto que jamás ygualará tu trabajo e mi liuia-
no gualardón. En lugar de manto e saya, por-
que [72] no se dé parte a oficiales, toma esta
cadenilla, ponla al cuello e procede en tu razón
e mi alegría.
PÁRMENO.- ¿Cadenilla la llama? ¿No lo
oyes, Sempronio? No estima el gasto. Pues yo
te certifico no diesse mi parte por medio marco
de oro, por mal que la vieja lo reparta.