La Celestina
La Celestina que a ti la quema.
CALISTO.- ¿Moços, estó yo aquí? ¿Moços,
oygo yo esto? Moços, mirá si estoy despierto.
¿Es de día o de noche? ¡O señor Dios, padre
celestial! ¡Ruégote que esto no sea sueño! ¡Des-
pierto, pues, estoy! Si burlas, señora, de mí por
me pagar en palabras, no temas, di verdad, que
para lo que tú de mí has recebido, más merecen
tus passos. [74]
CELESTINA.- Nunca el coraçón lastimado de
deseo toma la buena nueua por cierta ni la mala
por dudosa; pero, si burlo o si no, verlo has
yendo esta noche, según el concierto dexo con
ella, a su casa, en dando el relox doze, a la
hablar por entre las puertas. De cuya boca sa-
brás más por entero mi solicitud e su desseo e
el amor que te tiene e quién lo ha causado.
CALISTO.- Ya, ya, ¿tal cosa espero? ¿Tal cosa
es possible hauer de passar por mí? Muerto soy
de aquí allá, no soy capaz de tanta gloria, no
merecedor de tan gran merced, no digno de
fablar con tal señora de su voluntad e grado.
CELESTINA.- Siempre lo oy dezir, que es
más difícile de sofrir la próspera fortuna, que la
aduersa: que la vna no tiene sosiego e la otra
tiene consuelo. ¿Cómo, señor Calisto, e no mi-
rarías quién tú eres? ¿No mirarías el tiempo,