La Celestina
La Celestina vengadas. El manso boyzuelo con su blando cence-
rrar trae las perdizes a la red; el canto de la serena
engaña los simples marineros con su dulçor. Assí
esta con su mansedumbre e concessión presta querrá
tomar vna manada de nosotros a su saluo; purgará
su innocencia con la honrra de Calisto e con nuestra
muerte. Assí como corderica mansa que mama su
madre la ajena, ella con su segurar tomará la ven-
gança de Calisto en todos nosotros, de manera, que,
con la mucha gente que tiene, podrá caçar a padres e
hijos en vna nidada e tú estarte has rascando a tu
fuego, diziendo: a saluo está el que repica.
CALISTO.- ¡Callad, locos, vellacos, sospecho-
sos! Parece que days a entender que los ángeles
sepan hazer mal. Sí, que Melibea ángel dissi-
mulado es, que viue entre nosotros. [77]
SEMPRONIO.- ¿Todauía te buelues a tus ere-
gías? Escúchale, Pármeno. No te pene nada,
que, si fuere trato doble, él lo pagará, que noso-
tros buenos pies tenemos.
CELESTINA.- Señor, tú estás en lo cierto; vo-
sotros cargados de sospechas vanas. Yo he
hecho todo lo que a mí era a cargo. Alegre te
dexo. Dios te libre e aderece. Pártome muy con-