La Celestina
La Celestina tenta. Si fuere menester para esto o para más,
allí estoy muy aparejada a tu seruicio.
PÁRMENO.- ¡Hi!, ¡hi!, ¡hi!
SEMPRONIO.- ¿De qué te ríes, por tu vida,
Pármeno?
PÁRMENO.- De la priessa, que la vieja tiene
por yrse. No vee la hora que hauer despegado
la cadena de casa. No puede creer que la tenga
en su poder ni que se la han dado de verdad.
No se halla digna de tal don, tan poco como
Calisto de Melibea.
SEMPRONIO.- ¿Qué quieres que haga vna
puta alcahueta, que sabe e entiende lo que no-
sotros nos callamos e suele hazer siete virgos
por dos monedas, después de verse cargada de
oro, sino ponerse en saluo con la possessión,
con temor no se la tornen a tomar, después que
ha complido [78] de su parte aquello para que
era menester? ¡Pues guárdese del diablo, que
sobre el partir no le saquemos el alma!
CALISTO.- Dios vaya contigo, madre. Yo
quiero dormir e reposar vn rato para satisfazer
a las passadas noches e complir con la por ve-
nir.
CELESTINA.- Tha, tha.
ELICIA.- ¿Quién llama?
CELESTINA.- Abre, hija Elicia.