La Celestina
La Celestina ELICIA.- ¿Cómo vienes tan tarde? No lo de-
ues hazer, que eres vieja: tropeçaras donde
caygas e mueras.
CELESTINA.- No temo esso, que de día me
auiso por donde venga de noche. Que jamás me
subo por poyo ni calçada; sino por medio de la calle.
Porque como dizen: no da passo seguro quien corre
por el muro e que aquel va más sano que anda por
llano. Más quiero ensuziar mis zapatos con el lodo,
que ensangrentar las tocas e los cantos. Pero no te
duele a ti en esse lugar.
ELICIA.- ¿Pues qué me ha de doler? [79]
CELESTINA.- Que se fue la compañía, que te
dexé, e quedaste sola.
ELICIA.- Son passadas quatro horas después
¿e hauíaseme de acordar desso?
CELESTINA.- Quanto más presto te dexaron,
más con razón lo sentiste. Pero dexemos, su
yda e mi tardança. Entendamos en cenar e
dormir.
[81]