La Celestina
La Celestina yra, que o se me quitará o se me ablandará. Des-
cuelga, Pármeno, mis coraças e armaos vosotros e
assí yremos a buen recaudo, porque como dizen: el
hombre apercebido, medio combatido.
PÁRMENO.- Hélas aquí, señor.
CALISTO.- Ayúdame aquí a vestirlas. Mira
tú, Sempronio, si parece alguno por la calle.
SEMPRONIO.- Señor, ninguna gente parece
e, avnque la houiesse, la mucha escuridad
priuaría el viso e conoscimiento a los que nos
encontrasen.
CALISTO.- Pues andemos por esta calle, avn-
que se rodee alguna cosa, porque más encubier-
tos vamos. Las doze da ya: buena hora es.
PÁRMENO.- Cerca estamos.
CALISTO.- A buen tiempo llegamos. Párate
tú, Pármeno, a uer si es venida aquella señora
por entre las puertas.
PÁRMENO.- ¿Yo, señor? Nunca Dios mande
que sea en dañar lo que no concerté; mejor será
que tu presencia sea su primer encuentro, por-
que viéndome a mí no se turbe de ver que de
[84] tantos es sabido lo que tan ocultamente
quería hazer e con tanto temor faze o porque
quiçá pensará que la burlaste.
CALISTO.- ¡O qué bien has dicho! La vida me
has dado con tu sotil auiso, pues no era más