La Celestina
La Celestina menester para me lleuar muerto a casa, que
boluerse ella por mi mala prouidencia. Yo me
llego allá; quedaos vosotros en esse lugar.
PÁRMENO.- ¿Qué te paresce, Sempronio,
cómo el necio de nuestro amo pensaua tomar-
me por broquel, para el encuentro del primer
peligro? ¿Qué sé yo quién está tras las puertas
cerradas? ¿Qué sé yo si ay alguna trayción?
¿Qué sé yo si Melibea anda porque le pague
nuestro amo su mucho atreuimiento desta ma-
nera? E más, avn no somos muy ciertos dezir
verdad la vieja. No sepas fablar, Pármeno: ¡sa-
carte han el alma, sin saber quién! No seas li-
sonjero, como tu amo quiere e jamás llorarás
duelos agenos. No tomes en lo que te cumple el
consejo de Celestina e hallarte as ascuras. An-
date ay con tus consejos e amonestaciones fie-
les: ¡darte han de palos! No bueluas la hoja e
quedarte has a [85] buenas noches. Quiero
hazer cuenta que hoy me nascí, pues de tal pe-
ligro me escapé.
SEMPRONIO.- Passo, passo, Pármeno. No
saltes ni hagas esse bollicio de plazer, que darás
causa que seas sentido.
PÁRMENO.- Calla, hermano, que no me
hallo de alegría. ¡Cómo le hize creer que por lo
que a él cumplía dexaua de yr e era por mi se-