La Celestina
La Celestina zos ha rodeado e fecho dize que los sanctos de
Dios se lo han concedido e impetrado. E con
esta confiança quiere quebrar las puertas. E no
haurá dado el primer golpe, quando sea senti-
do e tomada por los criados de su padre, que
duermen cerca.
SEMPRONIO.- Ya no temas, Pármeno, que
harto desuiados estamos. En sintiendo bullicio,
el buen huyr nos ha de valer. Déxale hazer, que
si mal hiziere, él lo pagará.
PÁRMENO.- Bien hablas, en mi coraçón es-
tás. Assí se haga. Huygamos la muerte, que
somos moços. Que no querer morir ni matar no es
couardía, sino buen natural. Estos escuderos de Ple-
berio son locos: no desean tanto comer ni dormir,
como questiones e ruydos. Pues más locura sería
esperar pelea con enemigo, que no ama tanto la vito-
ria e vencimiento, como la continua [95] guerra e
contienda. ¡O si me viesses, hermano, como estó,
plazer haurías! A medio lado, abiertas las pier-
nas, el pie ysquierdo adelante puesto en huyda,
las faldas en la cinta, la adarga arrollada e so el
sobaco, porque no me empache. ¡Que, por Dios,
que creo corriesse como vn gamo, según el te-
mor tengo d' estar aquí.
SEMPRONIO.- Mejor estó yo, que tengo liado
el broquel e el espada con las correas, porque