La Celestina
La Celestina no se me caygan al correr, e el caxquete en la
capilla.
PÁRMENO.- ¿E las piedras, que trayas en
ella?
SEMPRONIO.- Todas las vertí por yr más
liuiano. Que harto tengo que lleuar en estas
coraças, que me hiziste vestir por importuni-
dad; que bien las rehusaua de traer, porque me
parescían para huyr muy pesadas. ¡Escucha,
escucha! ¿Oyes, Pármeno? ¡A malas andan!
¡Muertos somos! Bota presto, echa hazia casa de
Celestina, no nos atajen por nuestra casa.
PÁRMENO.- Huye, huye, que corres poco. ¡O
pecador de mí!, si nos han de alcançar, dexa
broquel e todo. [96]
SEMPRONIO.- ¿Si han muerto ya a nuestro
amo?
PÁRMENO.- No sé, no me digas nada; corre
e calla, que el menor cuydado mio es esse.
SEMPRONIO.- ¡Ce!, ¡ce! ¡Pármeno! Torna,
torna callando, que no es sino la gente del
aguazil, que passaua haziendo estruendo por la
otra calle.
PÁRMENO.- Míralo bien. No te fíes en los
ojos, que se antoja muchas veces vno por otro.
No me auían dexado gota de sangre. Tragada
tenía ya la muerte, que me parescía que me