La Celestina
La Celestina seys sus contrarios, no recebirán mucha pena
para les quitar las armas e hazerlos huyr, según
su esfuerço. Escogidos son, señora, que no ven-
go a lumbre de pajas. Si no fuesse por lo que a
tu honrra toca, pedaços harían estas puertas. E
si sentidos fuessemos, a ti e a mí librarían de
toda la gente de tu padre.
MELIBEA.- ¡O por Dios, no se cometa tal co-
sa! Pero mucho plazer tengo que de tan fiel
gente andas acompañado. Bienempleado es el
pan, que tan esforçados siruientes comen. Por
mi amor, señor, pues tal gracia la natura les
quiso dar, sean de ti bientratados e galardona-
dos, porque en todo te guarden secreto. E quan-
do sus osadías e atreuimientos les corregieres, a
bueltas del castigo mezcla fauor. Porque los [98]
ánimos esforçados no sean con encogimiento dimi-
nutos e yrritados en el osar a sus tiempos.
PÁRMENO.- ¡Ce!, ¡ce!, señor, quítate presto
dende, que viene mucha gente con hachas e
serás visto e conoscido, que no hay donde te
metas.
CALISTO.- ¡O mezquino yo e como es força-
do, señora, partirme de ti! ¡Por cierto, temor de
la muerte no obrara tanto, como el de tu hon-
rra! Pues que assí es, los ángeles queden con tu