La Celestina
La Celestina rría que mi spíritu fuesse con los de los brutos
animales, que por medio de aquel yr a la gloria
de los sanctos.
SEMPRONIO.- ¡Algo es lo que digo! ¡A más
ha de yr este hecho! No basta loco, sino ereje.
CALISTO.- ¿No te digo que fables alto, quan-
do fablares? ¿Qué dizes?
SEMPRONIO.- Digo que nunca Dios quiera
tal; que es especie de heregía lo que agora dixis-
te.
CALISTO.- ¿Por qué?
SEMPRONIO.- Porque lo que dizes contradi-
ze la cristiana religión.
CALISTO.- ¿Qué a mí?
SEMPRONIO.- ¿Tú no eres cristiano?
CALISTO.- ¿Yo? Melibeo so e a Melibea ado-
ro e en Melibea creo e a Melibea amo.
SEMPRONIO.- Tú te lo dirás. Como Melibea
es grande, no cabe en el coraçón de mi amo,
que por la boca le sale a
borbollones. No es más [42] menester. Bien sé
de qué pie coxqueas. Yo te sanaré.
CALISTO.- Increyble cosa prometes.
SEMPRONIO.- Antes fácil. Que el comienço
de la salud es conoscer hombre la dolencia del
enfermo.