La Celestina
La Celestina CALISTO.- ¿Quál consejo puede regir lo que
en sà no tiene orden ni consejo?
SEMPRONIO.- ¡Ha!, ¡ha!, ¡ha! ¿Esto es el fue-
go de Calisto? ¿Estas son sus congoxas? ¡Como
si solamente el amor contra él asestara sus tiros!
¡O soberano Dios, quán altos son tus misterios!
¡Quánta premia pusiste en el amor, que es ne-
cessaria turbación en el amante! Su lÃmite posis-
te por marauilla. Paresce al amante que atrás
queda. Todos passan, todos rompen, pungidos
e esgarrochados como ligeros toros. Sin freno
saltan por las barreras. Mandaste al hombre por
la muger dexar el padre e la madre; [43] agora
no solo aquello, mas a ti e a tu ley desamparan,
como agora Calisto. Del qual no me marauillo,
pues los sabios, los santos, los profetas por él te
oluidaron.
CALISTO.- Sempronio.
SEMPRONIO.- Señor.
CALISTO.- No me dexes.
SEMPRONIO.- De otro temple está esta gay-
ta.
CALISTO.- ¿Qué te paresce de mi mal?
SEMPRONIO.- Que amas a Melibea.
CALISTO.- ¿E no otra cosa?
SEMPRONIO.- Harto mal es tener la volun-
tad en vn solo lugar catiua.