La Celestina
La Celestina CALISTO.- Poco sabes de firmeza.
SEMPRONIO.- La perseuerancia en el mal no
es constancia; mas dureza o pertinacia la lla-
man en mi tierra. Vosotros los filósofos de Cu-
pido llamalda como quisiérdes.
CALISTO.- Torpe cosa es mentir el que ense-
ña a otro, pues que tú te precias de loar a tu
amiga Elicia.
SEMPRONIO.- Haz tú lo que bien digo e no
lo que mal hago. [44]
CALISTO.- ¿Qué me reprobas?
SEMPRONIO.- Que sometes la dignidad del
hombre a la imperfección de la flaca muger.
CALISTO.- ¿Muger? ¡O grossero! ¡Dios, Dios!
SEMPRONIO.- ¿E assí lo crees? ¿O burlas?
CALISTO.- ¿Que burlo? Por Dios la creo, por
Dios la confiesso e no creo que ay otro soberano
en el cielo; avnque entre nosotros mora.
SEMPRONIO.- ¡Ha!, ¡ah!, ¡ah! ¿Oystes qué
blasfemia? ¿Vistes qué ceguedad?
CALISTO.- ¿De qué te ríes?
SEMPRONIO.- Ríome, que no pensaua que
hauía peor inuención de pecado que en Sodo-
ma.
CALISTO.- ¿Cómo?
SEMPRONIO.- Porque aquellos procuraron
abominable vso con los ángeles no conocidos e