La Celestina
La Celestina tú con el que confiessas ser Dios. [45]
CALISTO.- ¡Maldito seas!, que fecho me has
reyr, lo que no pensé ogaño.
SEMPRONIO.- ¿Pues qué?, ¿toda tu vida auÃ-
as de llorar?
CALISTO.- SÃ.
SEMPRONIO.- ¿Por qué?
CALISTO.- Porque amo a aquella, ante quien
tan indigno me hallo, que no la espero alcançar.
SEMPRONIO.- ¡O pusilánimo! ¡O fideputa!
¡Qué Nembrot, qué magno Alexandre, los qua-
les no solo del señorÃo del mundo, mas del cielo
se juzgaron ser dignos!
CALISTO.- No te oy bien esso que dixiste.
Torna, dilo, no procedas.
SEMPRONIO.- Dixe que tú, que tienes mas
coraçón que Nembrot ni Alexandre, desesperas
de alcançar vna muger, muchas de las quales
en grandes estados constituydas se sometieron
a los pechos e resollos de viles azemileros e
otras a brutos animales. ¿No has leydo de Pasi-
fe con el toro, de Minerua con el can? [46]
CALISTO.- No lo creo; hablillas son.
SEMPRONIO.- Lo de tu abuela con el ximio,
¿hablilla fue? Testigo es el cuchillo de tu abue-
lo.
CALISTO.- ¡Maldito sea este necio! ¡E qué po-